2018/05/14

2018/05/12

UNA MIRADA EUROPEA EN LA CHINA ANTIGUA: OSVALD SIREN

Osvald Siren tuvo el privilegio de ser uno de los pocos europeos a los que se concedió licencia para adentrarse en la China de su tiempo y fotografiar jardines como este, que más tarde desaparecerían.

Información encontrada aquí.

2018/05/06

PRIMERAS MAZORCAS DE MAÍZ HONDUREÑO EN EL CANTÁBRICO ORIENTAL


Hemos obtenido, finalmente, nuestras mazorcas de maíz hondureño en la vertiente norte de la cordillera cantábrica oriental. Queda, por tanto, completamente descartado que las mejores variedades para consumo humano originarias de Centroamérica no puedan cultivarse en esta geografía por motivos de adaptación al clima.

Ahora haremos una prueba de nixtamalizacion, pero es previsible que no encontremos mayor dificultad que la de hacernos con un poco de cal viva.

El problema parece encontrarse, por tanto, en la transmisión cultural: en la cocina.

...

Gracias a mi madre que lo promovió, y a mi padre, que lo sembró, cuidó y cosechó. Gracias a la hermana de C., que lo trajo de Honduras, y a la misma C., que suministró toda la información relativa a la nixtamalización y al cultivo del maíz.

2018/05/04

BELLO PRÓLOGO DE JULIÁN MARÍAS: REFLEXIÓN SOBRE UN LIBRO PROPIO (PRÓLOGO A LA TRADUCCIÓN INGLESA)

"REFLEXIÓN SOBRE UN LIBRO PROPIO
(Prólogo a la traducción inglesa)

Vuelvo los ojos sobre este libro de título genérico, Historia de la Filosofía, a los veinticuatro años de haberlo terminado de escribir, ahora que va a aparecer, vertido al inglés, en Nueva York, como se mira a un hijo ya crecido que va a emprender un largo viaje. Es el primero de mis libros; ha sido también el de mejor fortuna editorial: desde que se publicó por primera vez en Madrid, en enero de 1941, ha tenido veinte ediciones españolas; es el libro en que han estudiado la historia de la filosofía numerosas promociones de españoles e hispanoamericanos; en 1963 fue traducido al portugués; ahora se asoma al mundo de lengua inglesa. ¿No es extraño que un libro español de filosofía haya tenido tanta suerte? ¿Cómo, a pesar del enorme prestigio que entonces tenía en España e Hispanoamérica la filosofía alemana, pudo este libro de un desconocido español de veintiséis años desplazar casi enteramente las obras alemanas que habían dominado el mercado y las Universidades de lengua española? Y ¿cómo fue posible esto tratándose de un libro que invocaba desde su primera página la tradición intelectual de 1931 a 1936, la que se acababa de proscribir y condenar al ostracismo y al olvido? Quizá ello pueda explicarse acudiendo a las raíces de esta Historia de la Filosofía. Yo había estudiado en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid de 1931 a 1936. El esplendor que las enseñanzas de esa Facultad habían alcanzado era tan superior a todo lo anterior y además duró tan poco, que hoy apenas parece creíble. La sección de Filosofía, sobre todo, había adquirido una brillantez y un rigor antes y después desconocidos en España. La inspiraba y animaba uno de los más grandes creadores de la filosofía en nuestro tiempo, que a la vez era un maestro excepcional: Ortega. Para él la filosofía era asunto personal; era su propia vida. 
 
Los estudiantes de Madrid asistían entonces al espectáculo fascinador e improbable de una filosofía haciéndose ante ellos. Eran aquellos años los últimos de una de las etapas más brillantes y fecundas del pensamiento europeo, entre Husserl y Heidegger, de Dilthey a Scheler, de Bergson a Unamuno. Se sentía que la filosofía estaba descubriendo nuevas posibilidades, que era un tiempo germinal. (Creo que era efectivamente así, y que el que su horizonte parezca hoy menos prometedor no se debe a que esas posibilidades no fueran reales y no sigan estando ahí, sino a ciertos desmayos, perezas y malas pasiones que acaso acometen al hombre en algunas épocas.) Había un ambiente auroral en la Facultad de Filosofía de Madrid, corroborado por la evidencia de estar viendo levantarse, como un galeón en un astillero, una nueva filosofía de gran porte.
 
La imagen del astillero no es inadecuada, porque aquella Facultad empezaba a ser una escuela. Con Ortega, enseñaban en ella Manuel García Morente, Xavier Zubiri, José Gaos, discípulos suyos todos, y cada uno de todos los demás más viejos, cooperadores entonces en la misma empresa común. Se podía pensar, sin extremar demasiado la esperanza, que acaso un día el meridiano principal de la filosofía europea pasaría, por primera vez en la historia, por Madrid. La Facultad de Filosofía estaba persuadida de que la filosofía es inseparable de su historia; de que consiste por lo pronto en eso que han hecho los filósofos del pasado y que llega hasta hoy; en otros términos, de que la filosofía es histórica y la historia de la filosofía es filosofía estricta: la interpretación creadora del pasado filosófico desde una filosofía plenamente actual. Por eso se volvía hacia los clásicos del pensamiento occidental sin distinción de épocas: griegos, medievales, modernos, desde los presocráticos hasta los contemporáneos eran leídos —casi siempre en sus lenguas originales—, estudiados, comentados; todo ello sin huella de «nacionalismo» ni «provincianismo»; España, que había permanecido aislada de Europa en muchas dimensiones —aunque no tanto como a veces se piensa— entre 1650 y 1900, había llegado a ser uno de los países en que se tenía una visión menos parcial del horizonte efectivo de la cultura; y el pensamiento español —filosóficamente muy modesto hasta el presente— no recibía ningún trato privilegiado. En todos los cursos se estudiaba a los clásicos. No solo Zubiri, en su curso de Historia de la Filosofía, nos introducía en los presocráticos y en Aristóteles, en San Agustín y Ockam, en Hegel y Schelling y Schleiermacher, en Leibniz y en los estoicos; Morente, en su cátedra de Ética, exponía la de Aristóteles, la de Spinoza, la de Kant, la de Mill, la de Brentano; los cursos de Lógica y Estética de Gaos nos llevaban a Platón, a Husserl; Ortega, desde su cátedra de Metafísica, comentaba a Descartes, a Dilthey, a Bergson, a los sociólogos franceses, ingleses y alemanes. Este era el ambiente en que me formé, estos eran los supuestos de mi visión de la filosofía; estas eran, en suma, las raíces intelectuales de este libro. Pero creo que no bastan a explicar, primero, que yo hiciera lo que ni mis maestros ni mis compañeros de Universidad han hecho: escribir una Historia de la Filosofía; y segundo, que se convirtiera en el libro donde durante un cuarto de siglo se han iniciado en esta disciplina las gentes de lengua española. Para explicar esto hay que recordar lo que podríamos llamar las raíces personales que lo hicieron posible.

* * *

En aquella Facultad admirable se daban penetrantes, iluminadores cursos monográficos sobre temas concretos, pero no había ningún curso general de Historia de la Filosofía, lo que se llama en inglés survey, ni siquiera se estudiaba en su conjunto una gran época. Y había que pasar un examen —se llamaba entonces «examen intermedio·»—, común a todos los estudiantes, de cualquier especialización, en que se interrogaba sobre la totalidad de la historia de la filosofía y sus grandes temas. No hay que decir que este examen preocupaba a todos, en particular a los que solo habían recibido cursos de introducción a la filosofía y se veían obligados a prepararlo con extensos y difíciles libros, casi siempre extranjeros y no siempre muy claros.

Un grupo de muchachas estudiantes, de dieciocho a veinte años, compañeras mías, amigas muy próximas, me pidieron que les ayudara a preparar ese examen. Era en octubre de 1933; tenía yo diecinueve años y estaba en el tercero de mis estudios universitarios —era lo que se llama en los Estados Unidos un «júnior»—; pero había seguido los cursos de mis maestros y había leído vorazmente no pocos libros de filosofía. Se organizó un curso privadísimo, en alguna de las aulas de la Residencia de Señoritas, que dirigía María de Maeztu. La clase se reunía cuando podíamos, con frecuencia los domingos, dos o tres horas por la mañana. Las muchachas tuvieron considerable éxito en los exámenes, con no poca sorpresa de los profesores; al año siguiente, algunas más, que tenían pendiente el mismo examen, me pidieron que volviera a organizar el curso; las más interesaeran, sin embargo, las que ya lo habían aprobado y querían seguir asistiendo a aquellas clases de filosofía. Al acabar los dos cursos, quisieron expresarme su gratitud con un regalo: Sein und Zeit de Heidegger y la Ethik de Nicolai Hartmann en 1934; dos volúmenes de Gesammelte Schriften de Dilthey en 1925. Conservo los cuatro libros, con sus firmas; conservo también un recuerdo imborrable de aquellos cursos, y una gratitud que aquellas muchachas no podían ni sospechar; guardo también la amistad de casi todas ellas. Al año siguiente, durante el curso 1935-36, María de Maeztu me encargó formalmente un curso de filosofía para las residentes; he aquí cómo me vi, en mis tres años de undergraduate —me licencié en Filosofía en junio de 1936, un mes antes de la guerra civil—, convertido en profesor universitario.
 
Aquellos cursos de filosofía eran únicos en muchos sentidos, pero sobre todo en uno: mis estudiantes eran mis compañeras de Universidad, mis amigas, muchachas de mi edad; esto quiere decir que no me tenían ningún respeto. Esta experiencia de lo que podríamos llamar «docencia irrespetuosa» no ha tenido precio para mí. Estas chicas no aceptaban nada in verba magistri; el argumento de autoridad no existía para ellas. En la Facultad dominaba una estimación ilimitada de la claridad y la inteligibilidad. Ortega solía decir con frecuencia los versos de Goethe:
 
«Ich bekenné mich zu dem Geschlecht, das aus dem Dunkel ins Helle strebt.» que traducía: Yo me confieso del linaje de esos que de lo oscuro hacia lo claro aspiran. Y repetía una vez y otra que «la cortesía del filósofo es la claridad». No existía ninguna complacencia en lo que Ortega mismo había llamado una vez «la lujuria de la mental oscuridad». Quiero decir con esto que mis alumnos pretendían entender todo lo que yo les enseñaba, y que era nada menos que la totalidad de la historia de la filosofía de Occidente; me pedían que lo aclarara todo, lo justificara todo; que mostrara por qué cada filósofo pensaba lo que pensaba, y que ello era coherente, y si no lo era, por qué. Pero esto significa que yo tenía que entenderlo, si no previamente, sí a lo largo de la clase. Nunca he tenido que esforzarme tanto, ni con tanto fruto, como ante aquel auditorio de catorce o dieciséis muchachas florecientes, risueñas, a veces burlonas, de mente tan fresca como la piel, aficionadas a discutir, con afán de ver claro, inexorables. 
 
Nadie, ni siquiera mis maestros, me ha enseñado tanta filosofía. En rigor, debería compartir con ellas los derechos de autor o royalties de mis libros.
 
* * *
 
A decir verdad, los comparto con una de ellas. Al acabar la guerra civil, en 1939, las posibilidades abiertas a un hombre como yo, que había permanecido y estaba decidido a seguir fiel al espíritu de aquella Universidad y a lo que en la vida nacional representaba, eran extremadamente angostas y problemáticas. No había ni que pensar en la docencia en las Universidades españolas, ni apenas colaborar en revistas y periódicos. Tuve que acometer trabajos de desusada importancia, porque los menores eran imposibles. Es una de tantas ironías del destino. Una
de las muchachas que había seguido mis cursos, que desde dos años después fue mi mujer, me animó a escribir una Historia de la Filosofía; cuando le hice ver las enormes dificultades de la empresa, me ofreció una considerable pila de cuadernos: eran sus apuntes, admirables, claros, fidedignos apuntes de mis cursos informales. Sobre ellos me puse a trabajar: fueron el primer borrador de este libro. Había que completar muchas cosas; había que repasarlas todas, buscar una expresión escrita y no oral a lo que allí se decía. Había, en suma, que escribir un libro que verdaderamente lo fuera. El desánimo me invadió al cabo de un tiempo; me rehice, volví al trabajo. En diciembre de 1940 escribí la última página. Todavía tuve tiempo, al corregir las pruebas, de incluir la muerte de Bergson, ocurrida en los primeros días de enero de 1941. Debo decir que Ortega, consultado por su hijo sobre la posibilidad de publicar este libro, que representaba en todos los órdenes un riesgo considerable, sin leerlo contestó desde su destierro en Buenos Aires afirmativamente, y la REVISTA DE OCCIDENTE, la editorial de más prestigio en España, publicó el libro de un autor del cual lo mejor que podía esperarse es que no se supiera quién era. Zubiri, que había sido durante cuatro años mi maestro de historia de la filosofía, que me había enseñado innumerables cosas, desde su cátedra —entonces en Barcelona—, escribió un prólogo para él. El 17 de enero dediqué su primer ejemplar a aquella muchacha cuyo nombre era Lolita Franco y que pocos meses después había de llevar el mío.

He contado estos detalles de cómo este libro llegó a escribirse porque creo que son ellos los que explican su excepcional fortuna: sus lectores han recibido de él la impresión que tuvieron mis primeras alumnas: la inteligibilidad de las doctrinas filosóficas, la historia de los esfuerzos del hombre occidental por esclarecer lo más profundo de la realidad; una historia en que hasta el error encuentra su explicación y resulta inteligible y, en esa medica, justificado.
 
Una de las ideas centrales de Ortega, que penetraba las enseñanzas filosóficas en Madrid durante mis años de estudiante, es la razón histórica; inspirado por este principio, este libro tiene en cuenta la situación total de cada uno de los filósofos, ya que las ideas no vienen solo de otras ideas, sino del mundo íntegro en que cada uno tiene que filosofar. Por esto una historia de la filosofía solo puede hacerse filosóficamente, reconstituyendo la serie íntegra de las filosofías del pasado desde una filosofía presente capaz de dar razón de ellas; y no de excluirlas como errores superados, sino de incluirlas como sus propias raíces.
 
Han pasado muchos años desde 1941, y este libro se ha ido ampliando, poniendo al día, pulimentando y haciéndose más riguroso a lo largo de sus sucesivas ediciones; pero es el mismo que nació ante un puñado de muchachas, en una de las experiencias más puras e intensas de lo que es la comunicación filosófica.

Madrid, enero de 1965."

2018/05/02

LA PERVIVENCIA DE UN TESORO: LAS CAMPORRAS

Las Camporras es uno de esos topónimos populares poco atractivos de esta zona de Vizcaya. Un área de propiedad industrial entre los municipios de Sestao y Portugalete, que después pasó a propiedad pública, y que ha sido siempre un gran espacio de esparcimiento: durante muchos años, un laberinto de pequeñas huertas comunicadas con el exterior por senderos; y después, desde hace unas décadas, parque público pradera-arbusto-árbol, aunque por fortuna siguen existiendo zonas de huertas en el área de Las Canteras de Sestao, así como en Portugalete. No existen alquileres; los huertos pasan de una mano a otra; no disponen de agua corriente ni de electricidad; y todo es autoconstruido.

Siempre que puedo pongo en valor esas huertas urbanas de inconmensurable valor medioambiental, especialmente si las comparamos con la extrema pobreza de los espacios verdes gestionados por la administración pública.

2018/05/01

FILOSOFÍA Y TRAGEDIA

LA MANADA BUSCA VÍCTIMAS

Las manifestaciones contra la resolución judicial de Pamplona presentan similitudes con aquellas revueltas y procesos que durante siglos tuvieron por víctimas a judíos, gitanos, brujas, etc. Una plaga, una mala cosecha, una epidemia (el día de la mujer en este caso), calienta los ánimos, y después cualquier acontecimiento desencadena la violencia. La manada, sedienta de sangre, sale a la calle en busca de víctimas que linchar.

De todos los casos de abusos sexuales que se cometen a diario en la sociedad española ( http://www.abc.es/…/abci-espana-registran-oficialmente-cuat… ), los medios de comunicación señalaron uno que les parecía singular (traje blanco, pañuelito rojo). Y con tanto acierto dieron en el clavo (para sus ratios de audiencia y para sus ingresos monetarios), que a ojos de un público deseoso de victimas, aquel se convirtió en el único caso de violación del país. Después bastó con hacer lo que hacen siempre: montajes, reconstrucciones y demás dramatizaciones, tertulias, debates, así como contar la verdad a medias, o incluso mentir... y los ánimos se enardecieron, que es lo que buscaban. Y ya se crearon su propio trabajo para meses.

Cualquier comentario como este que estoy redactando se convierte en una ofensa. Quien no está a favor de este violento sinsentido, es que está en contra de las mujeres. Este es el pobre razonamiento que hacen. Y aunque se les hable con toda claridad, a esas personas no les entra en la cabeza que están siendo manipuladas. Lo que sale en televisión es la verdad: una verdad religiosa.


...


LA OTRA INTELIGENCIA

Y, sin embargo, comprendo que "la manada humana" actúe como lo hace. Ellos no pueden acceder al pensamiento de la verdad porque exige una reflexión para cuyo ejercicio hay que tener una formación, una práctica. Pero están insatisfechos porque el poder y otros grupos sociales intentan someterlos y asobajarlos: esclavizarlos en última instancia. Tienen problemas que no saben solucionar racionalmente, pero que tienen que solucionar vitalmente. Así que se agarran a la primera excusa para reunirse y reivindicar algo juntos por la fuerza de la masa, de la manada. Aunque sea en torno a algo absurdo.

De la misma manera que los políticos de Sestao hacen como que reclaman que no se edifique la zona verde de Las Camporras, sabiendo que Mercadona hace tiempo que desestimó esa ubicación. O de la misma manera que los padres de los discípulos de Sócrates no encontraron otra manera para evitar la influencia crítica del pensador en sus hijos, que llevarlo a juicio para asustarlo y que huyera. No podían enfrentarse a él en su mismo campo.

Y yo soy tonto y me llaman tonto, porque con mi duda me pongo en una situación de debilidad, inaceptable cuando la cuestión se está dirimiendo con los dientes.

Lo comprendo.

2018/04/26

EL CUENCO DE PEPA



No se trata solamente de que nos resulte simpática la aparición de Pepa Pig en un paisaje tradicional del arte oriental, sino de que estamos deseando que ese arte, vejado por la producción en masa, vuelva a revivir y a tener calidad.

2018/04/24

2018/04/20

INCIDENCIA DE LA POLINIZACIÓN EN LA CALIDAD DE LOS FRUTOS DE ERIOBOTRYA JAPONICA (NÍSPERO DE JAPÓN)

En este hilo http://foro.infojardin.com/threads/que-nispero-es.86207/ , jumagagra presenta un caso de frutos de níspero "facetados". Nos cuenta que se trata de un ejemplar que se encuentra en una ermita que hay en un paraje montañoso. El caso me resultó interesante debido a varios recuerdos que tengo sobre esa especie. Uno de ellos es el de que mi padre cultiva desde hace muchos años un níspero en su huerto, pero solamente los frutos de la cosecha anterior fueron realmente espléndidos por grandes y dulces. Otro recuerdo tiene que ver con la cantidad de semillas que recuerdo que tenían los frutos que he comido: una, dos, eran los números más habituales.

Con esos recuerdos, se me ocurrió que el motivo por el que los frutos del níspero que muestra jumagagra tienen esa peculiar forma es porque cuentan con un número mayor de semillas: contendrán cinco semillas, supuse. Y me dispuse a buscar en la red información acerca del número de semillas que contienen los nísperos. Así di con imágenes de nísperos con una, dos y tres semillas por fruto... Y finalmente, con esta imagen: 
que me ha conducido a este artículo en inglés, interesantísimo: https://www.researchgate.net/figure...ponica-Lindl-cv-Algerie-fruits_fig1_231913916 , donde se expone que de la polinización de la flor del níspero depende, no solamente el número de semillas que contendrá el fruto, y por tanto su tamaño, sino también su sabor. Así se explica que los viveristas mencionados en el hilo resten importancia a la variedad de níspero que venden, pues en definitiva, nada es tan relevante como el tipo de insecto polinizador (un caso parecido, por tanto, al de la higuera). También se explica el cambio en el níspero de mi padre, cuyos frutos han mejorado por la llegada de un nuevo polinizador, y no por otro factores como injertos, abonado, etc (entiendo que tener un esqueje de la planta no nos ayudará a tener mejores frutos). Y se explica que el ejemplar situado en el monte de mejores frutos, pues está en contacto con una mayor variedad de insectos polinizadores (podría utilizarse el níspero de Japón como indicador de la presencia de esos insectos).

2018/04/12

LEÍSMO EN... EL DICCIONARIO DE LA RAE

"Estimados señores:

Buscaba el significado de serpollo, y he accedido a la esta página de la RAE, donde he encontrado el siguiente caso de leísmo en la definición: "Cada una de las ramas nuevas que brotan al pie de un árbol o en la parte por donde se LE ha podado".

El leísmo, el laísmo y el loísmo son una auténtica lacra para el castellano, que llegan a estorbar gravemente a sus hablantes, por ejemplo, para acceder a aquellas lenguas que construyen el complemento directo y el indirecto por medio de estructuras muy diferentes entre sí..."

LA ANTIQUÍSIMA SELVA DEL AMAZONAS

"... Sin embargo, estudios paleo-ambientales realizados en el centro-oeste de la Amazonia han refutado la teoría de los refugios, indicando que en el auge de la última glaciación, hace unos 20.000 años, la disminución de las precipitaciones fue insuficiente para la reducción de la cobertura vegetal; además, estudios sedimentológicos en la desembocadura del Amazonas documentan una baja deposición de polen de gramíneas en la cuenca amazónica, lo que sugiere la permanencia de las florestas tropicales durante el pleistoceno..."
 
Leído aquí.

SIERRA DEL CAPIBARA

"... Aunque se trata de un asunto de poca importancia, me gustaría señalar que la traducción de "Serra da Capivara" por "Sierra de la Capibara" es excesivamente literal y adolece de cierta incomprensión de la lengua portuguesa. Y esto porque la pretensión del original portugués "Serra da Capivara" no es la de aludir a la hembra de ese roedor, sino la de aludir al nombre genérico del animal, de la misma manera que el artículo dedicado a esa especie que puede encontrarse en la versión portuguesa de esta misma enciclopedia, comienza con "A capivara..." Como, correspondientemente, la versión del mismo artículo en castellano comienza con "El... capibara", la traducción del accidente geográfico que nos ocupa parece que debería ser "Sierra del Capibara"... "

 Imagen encontrada aquí.

ALBERGUE NA SERRA DA CAPIVARA, PIAUÍ, BRASIL

Imagen encontrada aquí.

EDIFICIO INDUSTRIAL, FRAY BENTOS, URUGUAY


Imagen encontrada aquí.

2018/04/08

JARDINES MAOTA, EN JAIPUR, RAJASTÁN, INDIA

Imagen encontrada aquí.

 Imagen encontrada aquí.

CONTRA EL MACHISMO, BUENA MEMORIA


Ante la oleada de "mujeres ofendidas con los hombres" que hay que sufrir estos días por la calle, es muy conveniente hacer un ejercicio de memoria como este (basado en lo que oía de niño en el vecindario de mi pueblo), para reconsiderar con quien hay que ofenderse. En primer lugar, seguramente, con políticos y medios de comunicación, instigadores de esta violencia social.

En fin... Siento enredarme de nuevo en las estúpidas distracciones que nos proponen nuestros dirigentes para mantenernos alejados de lo importante.